Aún se me pone los pelos de punta cuando en la maravillosa 2001, una odisea en el espacio del genio Stanley Kubrick, se observa una secuencia que refleja perfectamente el inicio de la era de los descubrimientos de la humanidad y que han hecho evolucionar la civilización hasta lo que somos hoy en día. Un simio descubre casi por casualidad que un hueso puede asirse y convertirse en un arma que le ofrece una ventaja sobre sus rivales. Después, el simio lanza este hueso al cielo y la cámara sigue su movimiento ascendente hasta que, inevitablemente, sucumbe a la ley de la gravedad y empieza a descender. Entonces el hueso se transforma en una nave espacial que cruza el espacio con los acordes de El Danubio azul.
La historia de la humanidad demuestra que la mayoría de avances importantes que ha experimentado la sociedad ha sido producto de alguna idea sencilla. A partir de ese momento, hace falta tesón y confianza para desarrollar este nuevo concepto embrionario y convertirla en un proyecto serio que pueda mejorar lo ya existente hasta ese momento. La luz eléctrica o la máquina de vapor fueron y son hoy en día elementos que explican la forma de entender nuestro presente, ya que a partir de ellos la civilización dio pasos fundamentales hacia el siglo XXI.
Sin embargo, en muchas de ocasiones se echa en falta la confianza necesaria sobre la viabilidad de esta idea para que ésta pase de la cabeza al mundo real y productivo. Como dice el refrán “No hay mayor enemigo que uno mismo”, y muchas veces es la propia falta de seguridad y de ambición lo que hace que muchas ideas potencialmente exitosas se guarden en el cajón de los sueños irrealizados.
Seguir leyendo »

Añadir a Del.Icio.Us











